En nuestra trayectoria profesional, una de las preguntas más comunes que suelen hacernos tiene que ver sobre si las personas están viviendo su duelo correctamente, según las acciones que ellos realizan.

“¿Está bien que tenga las cenizas en mi casa?, ¿Estoy mal si no voy al cementerio?, ¿Es normal si aún no regalo las pertenencias de mi ser querido?, ¿Me estará haciendo mal el ver sus fotos y conversaciones todos los días?”  

Para entregar una respuesta general a estas preguntas es necesario recalcar que no existe un manual respecto a lo que está bien y mal en nuestro proceso de duelo, ni tampoco tiempos predefinidos de cuando es sano o no realizar ciertas acciones.

No existe ninguna acción que sea absolutamente imprescindible o esencial en sí misma en este proceso, cada persona lo vivirá de manera distinta de acuerdo a su forma de ser, su historia y su contexto.

Lo único fundamental de este proceso es el poder conectar con nuestras emociones y vivencias, con el fin de que estas decisiones importantes o actitudes que tomamos frente a nuestro proceso nos permitan movilizarnos de manera que nos haga sentido a nosotros mismos.

Estas preguntas que mencionamos anteriormente suelen estar condicionadas muchas veces por el miedo a ser juzgados por nuestro entorno y por cumplir con lo que se espera socialmente de las personas en duelo. Esto sumado al desconocimiento y silenciamiento que existe sobre estas temáticas.

El duelo y la muerte suelen ser temas tabú en nuestra sociedad, sobre los cuales existen un montón de mitos y juicios asociados, los cuales muchas veces son perjudiciales para las personas que viven el fallecimiento de un ser querido.

Es por esto que lo importante no son las acciones en sí, sino lo que existe detrás de estas decisiones y lo que nos ocurre internamente al realizarlas. Si actuamos con el fin de acelerar nuestro proceso de duelo podemos tomar decisiones apresuradas y poco meditadas de las cuales nos podemos arrepentir posteriormente, como ocurre por ejemplo en personas que se deshacen inmediatamente de las pertenencias de su ser querido.

Por el contrario, puede que no realicemos ciertas acciones debido a sentimientos de culpa o dificultad para aceptar lo ocurrido. En este caso es importante darnos cuenta de estas emociones para trabajar en ellas y buscar maneras de realizar estas acciones que sean respetuosas con lo que sentimos, por ejemplo, acompañándonos con personas de confianza o con profesionales que nos apoyen de manera cuidadosa con nuestros ritmos personales.

Es importante que vivamos este proceso sin prisas y sin forzarnos, ya que cada pequeña o gran acción tiene un sentido para nosotros. También es necesario no enfocarnos en las acciones o en los objetos en sí, sino guiarnos por cómo nos sentimos respecto a estos y actuar de manera respetuosa con nuestros tiempos y necesidades. 

Autora: Psicóloga Consuelo Trujillo Cañas.

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